lunes, 29 de agosto de 2011

Cuando el sexo se vuelve un deber

La apertura a la sexualidad de las últimas décadas ha desencadenado un modelo de actividad sexual que incluye una detallada descripción acerca de la frecuencia, variedad y pasión adecuada para las parejas. ¿Qué ocurre si no encajamos en ese modelo?


Son tantos los estudios y los artículos que se han escrito acerca de la adecuada frecuencia y manera en que se debe desarrollar la vida sexual de las parejas establecidas, que se ha instituido un patrón sexual a seguir para tener una vida feliz en pareja. Pero lo cierto es que cada pareja maneja unos lenguajes y preferencias particulares, que algunas veces corresponden con la media y a veces no. 

Susan Quilliam, psicóloga de relaciones de pareja, especialista en amor y sexualidad, afirma que el sexo es parte fundamental de la vida en pareja, pero esto no quiere decir que la frecuencia y el estilo que se practique deba ser exactamente igual al que los medios de comunicación plantean, cada pareja decide cómo y cuándo desarrollar su vida sexual. 

El Instituto Kinsey, especializado en sexo, género y reproducción, reveló mediante un estudio que las mujeres del siglo XXI tienen menos sexo que sus abuelas. Pareciera mentira que en este momento de la historia occidental, en el que el sexo se ha quitado de encima tantos velos de pudor, sea posible semejante realidad. ¿Acaso estamos rechazando los beneficios de todas aquellas revoluciones de décadas pasadas?, ¿fue en vano la lucha por la mini falda, el divorcio y los anticonceptivos? 

De acuerdo con Quilliam, más allá del ajetreo y la falta de tiempo que caracteriza al mundo de hoy y que impide que tengamos suficiente energía para tener una activa vida íntima también, el problema radica en que “es la excesiva sexualización de la vida moderna que mina nuestro deseo. Nos mina porque nos hace sentir indeseados […] así como la sociedad y la cultura popular se vuelve más sexual, nuestras expectativas acerca de cuántas parejas sexuales realmente tenemos, por cuánto tiempo, en cuáles posiciones, se ha vuelto idealizado”, afirma la experta. 

La inquietud más grande que la sexualización de la sociedad nos ha propiciado es no ser capaces de cumplir con las expectativas sexuales de la pareja que, a juzgar por lo que dicen los medios, han de ser altas. El temor aparece cuando, al no entregar lo que la pareja exige, nos exponemos a que nos deje por alguien más excitante o que simplemente se pierda en la pantalla viendo porno en internet. 

Tanto para hombres como para mujeres, hacer el amor puede pasar de ser un instinto natural y placentero a convertirse en un deber que genera ansiedad. El secreto para no caer en ese agujero está en manejar un lenguaje corporal con el que ambos se sientan cómodos y puedan desarrollar su sexualidad a cabalidad, tomando o no en cuenta los parámetros mediáticos. Además, deben aprender a aprovechar las herramientas que la sociedad ha puesto a nuestra disposición; en vez de pelear contra el internet y la pornografía, aprendan a sacarle provecho juntos. 

Tips para no perder la chispa, según Susan Quilliam 
 Mantén las imágenes de los medios en perspectiva –a menudo están retocadas. Lo normal tal vez no es perfecto, pero sigue siendo hermoso. 
 Deja de hacer comparaciones. Si estás feliz con la cantidad y calidad de sexo que estás teniendo, si eres ‘de avanzada’ o no es irrelevante
 Evita ser espectadora, es decir, observarte a ti misma durante el sexo. Hazlo sin pensar demasiado, experimentando las sensaciones en el momento. 
 Hazte amiga de los nuevos medios. Busca sitios web que ofrezcan información e inspiración. Encuentra páginas que los exciten y véanlas juntos. 
 Construye una seguridad erótica.

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